Cuadernos de Campoo
Época II. Año II. Número 4. Septiembre 2009
Cuadernos de Campoo es una publicación de la Casa de Cultura “Sánchez Díaz”
Equipo asesor: Jesús Allende Valcuende, Manuel García Alonso, Javier González Díez, Daniel Guerra de Viana (Coordinador), Joaquín Gutiérrez Osés, Mª Elena Marchena Ruiz, Encarnación-Niceas Martínez Ruiz
Fotografía de cubierta: "Triguero (Miliaria calandra)" de Ángel Álvarez González
Os hablo aquí del tiempo en que, siendo muchachos, íbamos a la escuela; del tiempo que querríamos volviese, pero que es imposible. De las ilusiones, de las esperanzas que llevábamos en el corazón; de nuestra inocencia; de las luciérnagas, que creíamos estrellas, porque era muy pequeño nuestro mundo y estaba muy bajo nuestro cielo.
El escritor italiano Giovanni Mosca ponía estas palabras al comienzo de un bello y poco conocido libro escrito a mediados del siglo que ahora termina, cuyo título original, "Riccordi di Scuola", he querido poner al frente de estas pocas líneas evocadoras de lo que fueron las escuelas y la educación por tierras campurrianas hasta hace no más de un par de generaciones.
Premio del II Concurso de Investigación Julio Montes Sáiz
Antecedentes históricos: las instituciones de Gobierno en Campoo durante la Edad Moderna
En el momento de emprender el estudio de unos textos tan variados y complejos como pueden llegar a ser las ordenanzas concejiles resulta de todo punto imprescindible encuadrarlas dentro de un contexto jerárquico y funcional. Así, la propia definición de los concejos resulta coja e insuficiente si no encuentra anclaje en un esquema mayor, donde corregimientos, hermandades y barrios responden a las mismas necesidades desde diferentes ángulos y visiones. Por todo ello, cabe hacer una mención, aunque ésta sea obligadamente breve, a esas diversas entidades que engloban y acompañan a los concejos dentro de su peregrinar durante la Edad Moderna.
Los feria de carneros de Casasola era única por su horario nocturno
El ganado ovino ha constituido parte de la economía familiar de los pobladores de la Merindad de Campoo, ya que les abastecía de carne sobre todo para las épocas estivales, cuando las existencias de porcino hablan llegado a su fin. También se daba la venta de corderos para consumo humano y de sus pieles y lana, con la cual se creó una artesanía destinada a la confección de prendas que les protegiese de los fríos invernales. Este tipo de animales, de gran rusticidad y andariegos, pastan por los campos de la sierra, las derrotas de los prados, y por la tierra de cultivo eliminando los rastrojos y a la vez estercolando y favoreciendo la fertilidad de los suelos, además de ser capaces de soportar bien los rigurosos inviernos y tener un fácil mantenimiento en los días crudos en que no pueden salir a pastar.
De mansión señorial a casino y de este a centro cultural, pasando brevemente por discoteca. Así sería el resumen del uso primordial asignado a La Casona. Salvo en su primera época y en esta última, uno de los edificios más emblemáticos de Reinosa ha tenido una empleo parcial. El Casino ocupó el primer piso, dedicado a lo que en aquellos años eran los casinos, un lugar de encuentro, tertulia, juegos de mesa... para reconocimiento mutuo y encuentro de la burguesía local. Sin embargo, los momentos más relevantes, desde el punto de vista de su vida social, eran los bailes a los que acudían adultos y jóvenes para divertirse, naturalmente, pero también para consolidar o iniciar la red invisible de pertenencia a un determinado estatus que, con más o menos exactitud, el Casino representaba.
La planta, utilizada en la fabricación de medicinas y bebidas, se recolectó hasta los años 80 en las partes altas de Campoo
Dentro de la sociedad rural tradicional, con una economía de subsistencia, era frecuente la búsqueda de ingresos extra para cubrir las necesidades de las familias con un trabajo que no rompiera ni retrasara su actividad en las labores del ciclo anual. La raíz de la genciana era recolectada tradicionalmente en el tardío, tiempo este de finalización de la recolección de las tierras de labranza, por lo que parte de la unidad familiar podía dedicar una pequeña temporada, incluso fuera del hogar, para desplazarse a las brañas o puertos que los pastores y ganados habían abandonado dejando libres sus cabañas, las cuales ocupaban.
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