Carmelo Fernández Ibáñez, Pedro A. Fernández Vega, Javier Peñil Mínguez, Carlos Lamalfa Diaz, Miguel A. González de la Torre y Serafín Bustamante Cuesta
INTRODUCCIÓN
Valderredible constituye una comarca geopolítica enclavada en el extremo más meridional de la actual Comunidad de Cantabria, y que es compartida en pequeña proporción con la lindante provincia de Palencia. Se encuentra compuesta esencialmente por un magnífico valle con abundantes recursos naturales, fruto de un ecosistema particular, lo que unido a su inmejorable emplazamiento geográfico, ha hecho que no pasara desapercibida a los diferentes grupos humanos desde la antigüedad. Es por ello que muchos de sus pintorescos y bien abastecidos rincones se han convertido hasta el día de hoy en asentamientos donde el hombre, siglo tras siglo, fue estableciendo sus diferentes lugares para vivir y también para morir. Las razones por las cuales escogían unos u otros constituyen por el momento una más de las incógnitas históricas que este lugar encierra.
El 12 de diciembre de 1904, cinco Hermanos de la Instrucción Cristiana iniciaron las clases en el colegio Municipal de la villa de Reinosa. Hará pues, este año de 2004, un siglo que la enseñanza menesiana comenzó a impartirse en Reinosa.
La comarca de Valdeolea ha sido una de las más ricas en cuanto a patrimonio artístico del sur de Cantabria. Su pertenencia hasta 1956 al obispado de Palencia ha propiciado una relación muy intensa con la vida y el arte castellano, por lo que hasta ella se han extendido las corrientes más significativas del mismo, especialmente desde la época bajomedieval hasta el barroco.
De entrada, el movimiento subversivo contra la República en Cantabria estuvo mal planificado y peor ejecutado. Se dejaron muchos cabos sueltos, fiándose el entramado al voluntarismo de ciertas personas, especialmente militares, a los que se les suponía que con sólo publicar el bando de Mola, quedaría la región incorporada al Movimiento. Esta confianza se basaba en la apreciación errónea, fruto de una generalización simplista de Santander, como provincia conservadora.
El primer dato que nos orientó hacia el hallazgo fue el topónimo "El Conventón" con que la tradición señalaba el sitio del yacimiento. Sólo por el nombre, el lugar estuvo siempre envuelto en misterio y cubierto de fantásticas ruinas" (Robles 1985, 202). "Los niños de Camesa y Rebolledo en nuestras escapadas a Mataporquera siempre aligerábamos el paso cerca de aquella loma... (Robles 1997).
Envuelta en la bruma de la leyenda y en la intriga enigmática de la historia estuvo siempre para los habitantes de la zona el lugar donde se localizan los vestigios arqueológicos del yacimiento de Camesa-Rebolledo, pero fueron necesarios otros acicates para que los trabajos arqueológicos se desencadenaran. Las aportaciones bibliográficas del desaparecido José María Robles constituyen las más certeras aproximaciones tanto a los orígenes de la empresa arqueológica desarrollada en el lugar en los años ochenta del siglo XX, como a la identidad del enclave.
Con este libro se pretende preservar en la memoria la apicultura que practicaban nuestros antepasados en Cantabria, donde hasta no hace mucho tiempo las colmenas y colmenares formaban parte del paisaje rural y de la vida cotidiana, teniendo una notable importancia la producción de cera y miel en la economía de subsistencia de nuestros pueblos.
Roberto Lacalle Calderón, Fernando Prieto Serrano, Juan Antonio Santiago Muriel, Pedro Luis Serrano Gómez y Laura Valdizán Arcera
Vengo de moler morena
de los molinos de abajo.
Duermo con la molinera,
no me cobra el trabajo
Popular
Ocultos, sencillos y grandiosos, silenciosos, desconocidos y sin duda únicos, los molinos y batanes, electras y más molinos, aprovechamientos hidráulicos todos, se presentan como la enésima de las sorpresas que de la mano del Ebro, aún nos depara Campoo. A la vera del río entre los ríos, aquí donde todavía es casi arroyo, se extienden desde Fontibre hasta Requejo, puerta del pantano, cerca de una docena de ingenios, que en tiempos pasados con el ruido de sus piedras animaban la vida campurriana.
Campoo ha contado con una amplia nómina de estudiosos de la arquitectura civil (Manuel Cossío, Calderón Escalada, G. Cossío, Gerardo Hernández, Manuel García Alonso, etc.) Es importante resaltar la necesidad de integrar la significación de la arquitectura civil de las Edades Media y Moderna de Campoo en el conjunto de la arquitectura civil de Cantabria. Muchas de las casonas construidas en Campoo lo fueron por maestros canteros, carpinteros y herreros procedentes de Trasmiera o de las Asturias de Santillana, lo cual sitúa a la arquitectura de esta comarca en un circuito artístico muy amplio puesto que estos mismos maestros trabajaron también en la meseta castellana y en toda la Cornisa Cantábrica.
En la documentación más antigua que se conserva correspondiente a los siglos IX y X aparece ya Campoo como un ámbito territorial y poblacional plenamente definido, distinto y apartado de otros ámbitos limítrofes como es el de las Asturias de Santillana, Liébana o Castilla, a través de referencias documentales a "territorium de Campo"; "territorium de Campo Pau"; "urbe Campodii"y otras como "Campo Patenti"(1). Ello supone por tanto que en torno al año mil de nuestra era existía una configuración propia que la misma documentación permitirá conocer en su realidad jurídico administrativa durante los siglos posteriores y que responde a una personalidad de rasgos físicos distintos al resto de la región tanto por su orografía cuanto por su clima, diferenciado del de la zona costera de Cantabria (2).
Comentarios recientes