Colaboradores: Nacho Zubelzu, Margarita Rodríguez, Pilar Dieguez Calderón, Juan José Alonso, Eduardo Matesanz, Lola San Sebastián, Roberto Fernández Zubelzu, Gregorio de Celis Jubete, David Hernando, Delia González, Conchita Gutiérrez, Casa de Cultura Sánchez Díaz, Javier Torices, Encarnación Niceas, Mª José Niceas y Museo Etnográfico El Pajar Proaño.
El crecimiento demográfico que de los años 1920 a 1930 tuvo la ciudad de Reinosa, y que paso de 4.180 a 8.606 habitantes (1), obligó al Arzobispo de la sede metropolitana burgalesa -de la que dependía Reinosa- el Excmo. Sr. D. Manuel de Castro y Alonso, a buscar ayuda de religiosos para que colaborasen con los sacerdotes seculares en la promoción espiritual de los fieles. Los reinosanos pedían una comunidad religiosa(2), y aun concretaban su petición en los Carmelitas Descalzos (3). El Prelado burgalés, terciario de la Orden, vio muy bien esta petición.
A falta de un estudio pormenorizado, intentaremos trazar, a través de estas líneas, tan sólo unos apuntes que ayuden a conocer de manera muy global el ambiente y las figuras más destacadas del panorama artístico de Reinosa y su comarca. En cualquier caso, trataremos de aquellos pintores que tienen una trayectoria consolidada en el campo de las artes plásticas a nivel regional, haciendo mayor hincapié en los pintores finiseculares, por considerar que forman parte ya de la historia de nuestra pintura, circunstancia por la cual hemos sido más generosos, aun a sabiendas de que muchos de ellos sólo tuvieron notoriedad en el panorama artístico local. Punto de partida obligada son, por tanto, los años finales del s. XIX, centrándonos a continuación en el siglo XX, inmediatamente después de que la enorme figura de Casimiro Sainz, ya apagada su vida, ejerciera sobre prácticamente todos ellos una influencia incuestionable y aún perceptible hoy día. En esta línea y más con el fin de que sirva de hilo conductor que con intención clasificadora, surgen de forma natural tres grandes grupos convencionales no porque existan en la pintura campurriana.
La comarca de Valdeolea ha sido una de las más ricas en cuanto a patrimonio artístico del sur de Cantabria. Su pertenencia hasta 1956 al obispado de Palencia ha propiciado una relación muy intensa con la vida y el arte castellano, por lo que hasta ella se han extendido las corrientes más significativas del mismo, especialmente desde la época bajomedieval hasta el barroco.
El proyecto de recuperación y puesta en valor del conjunto de menhires de Valdeolea tiene su origen en la inquietud de la Asociación para la defensa de Valdeolea (ADEVAL) de promover la conservación y el conocimiento social del importante Patrimonio Cultural de uno de los valles más desconocidos de la Comunidad de Cantabria.
"... especialmente en los puentes, la belleza no puede apartarse, independizarse, de lo útil, de lo funcional, de lo necesario. La sensación de idoneidad práctica basta para que nos conformemos con los artefactos más horribles; y el pensamiento en una falta de adaptabilidad a la función, basta para malograr nuestro placer ante cualquier forma, por bella que sea intrínsecamente. No se trata, pues, de desliarse del concepto de utilidad, principio rector en la determinación de las formas de los puentes, o defender el derroche, triste compendio y quintaesencia de la estupidez, sino de percatarse de la diferencia estética entre unos puentes y otros, y de que, como dice Santayana, aunque ese particular aire estético puede ser la última cualidad que advirtamos en un puente, su influencia sobre nosotros no por ello es menos real, e influye en nuestra actitud moral y práctica."
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