Cuesta creer que nuestra ciudad y nuestra comarca no cuenten con una obra de Julián Santamaría, uno de los diseñadores gráficos más importantes de España
Muchos lectores de este suplemento desconocerán la obra de Julián Santamaría. Puede que en los últimos días hayan conocido algo de su carrera, al saberse de su fallecimiento, a los noventa años de edad, a causa del Covid-19. Es cierto que en el año 2009 se expuso parte de su obra en la Sala de Exposiciones de La Casona y que en el 2014 se le realizó un discreto homenaje en el Ayuntamiento de Reinosa, pero cuesta creer que nuestra ciudad y nuestra comarca no cuenten con una obra de referencia del que ha sido uno de los diseñadores gráficos más importantes de nuestro país.
Daniel García González nació en Bustillo del Monte, en Valderredible, el 28 de enero de 1899. Fue una persona que dedicó su vida a los demás, especialmente a los niños, a los que no tenían recursos, a los más desfavorecidos. Fue el fundador de la Obra San Martín, en cuya sede principal está enterrado. Todavía son muchas las personas que le recuerdan, los amigos que hablan de su dinamismo y su energía inagotable para emprender iniciativas, siempre en favor de los más necesitados.
Real como la vida misma. Esa, expuesta con radical simplicidad, podría ser una primera conclusión de alguien que se aproxime al conocimiento de las vicisitudes del Ferrocarril de La Robla en sus casi ocho décadas de existencia. A lo largo de una dinámica de desarrollo similar a la de un organismo vivo que nace, se desarrolla y muere, la vida del Hullero enhebra -con gran potencial didáctico, por cierto- aspectos propios del emprendimiento empresarial, motores de su existencia, con los organizativos y tecnológicos, materializados en los activos ferroviarios que sostuvieron su actividad, y, desde luego, con los socioeconómicos que caracterizan la inevitable interacción de una línea férrea con el territorio que atraviesa.
En lo sucesivo abordaremos una breve semblanza de este ferrocarril, uno de los más interesantes en nuestro país.
Cuadernos de Campoo
Época II. Año I. Número 2. Diciembre 2008
Cuadernos de Campoo es una publicación de la Casa de Cultura “Sánchez Díaz”
Equipo asesor: Jesús Allende Valcuende, Javier González Díez, Daniel Guerra de Viana (Coordinador), Joaquín Gutiérrez Osés, Mª Elena Marchena Ruiz, Encarnación-Niceas Martínez Ruiz
A las sociedades del pasado es posible acercarnos a partir de los diferentes objetos recuperados en las excavaciones arqueológicas. En este sentido hoy aquí partiremos del estudio de los objetos fabricados en los diferentes metales; cobre y aleaciones -bronce o latón-, hierro, plomo, plata y oro. Los períodos históricos a los que directamente vamos a hacer referencias serán: el final de la IIª Edad del Hierro y los primeros siglos de la dominación romana, o sea, la conquista, la ocupación del territorio y el sometimiento de las poblaciones indígenas a una nueva cultura y orden social. La zona geográfica escogida para nuestro análisis es el centro de la antigua Cantabria: la conocida como "Cantabria Histórica". Aproximadamente y para este caso concreto pondríamos como límite el rectángulo comprendido entre las actuales poblaciones de Reinosa (Cantabria) al Norte, Herrera de Pisuerga (Palencia) al Sur. Cervera de Pisuerga (Palencia) al Este y Amaya (Burgos) al Oeste.
Salas de barquines y del mazo. Ceballos Cuerno, 1999
INTRODUCCIÓN
Las ferrerías eran unos establecimientos donde se elaboraba el hierro de forma artesanal siguiendo el denominado "método directo", al igual que en la mayor parte de las dispersas por Cantabria y España, hasta su cierre definitivo estimado documentalmente en nuestra región en 1875. Método que consistía, básicamente, en mezclar vena o mineral de hierro, lo más triturado posible, con carbón vegetal, en un horno que alcanzaba unos 1.200 °C. En él se colocaban capas alternas de combustible y de vena, y una vez finalizado el proceso de fundición, se forjaba sobre el yunque obteniéndose un hierro de bajo contenido en carbono, maleable, fácil de manipular y de muy buena calidad, aunque caro, era el "hierro dulce" (Ceballos Cuerno, 2001.137 y ss.).
Los archivos municipales han permanecido con frecuencia relegados a un segundo y olvidado plano. En ellos se conserva el conjunto orgánico de documentos que los Ayuntamientos han producido y recibido en el ejercicio de sus funciones, reflejo de la gestión administrativa y de su relación con los ciudadanos a lo largo del tiempo. Constituyen por tanto, además de un instrumento de gestión cotidiano, un medio formidable de recuperación de la memoria histórica. Someramente, voy a tratar de comentar diferentes aspectos de ese devenir de los archivos, víctimas también en tiempos de conflicto y violencia. Para ello me he centrado sobre todo en el archivo del Ayuntamiento de Reinosa, aunque otros sufrieran efectos semejantes.
Nombrar la realidad la delimita y la hace manejable para quien la nombra. El espacio, como una parte básica de esa realidad -una parte indudablemente importante para el hombre pues de allí proceden todos los recursos que le permiten desarrollar su vida personal y comunitaria- también debe ser nombrado. El espacio que carece de nombre no existe como categoría mental de análisis, por tanto no existe "realmente" para el grupo humano que allí vive. La toponimia documenta y estudia los nombres de lugar, los cuales constituyen una apropiación mental del espacio con un elevado contenido social, ya que el manejo del espacio, en este sentido, resulta no solo necesario sino imprescindible para quienes viven de él.
A lo largo de los siglos se han cantado estas composiciones narrativas llamadas romances por toda nuestra geografía, y el valle de Campoo no ha sido una excepción. Generalmente un ciego o mendigo ambulante iba cantando estas coplillas de pueblo en pueblo y los "chiquillos" que le seguían iban aprendiendo estas letras que narraban un hecho acaecido recientemente. Posteriormente, se cantaban en la intimidad del hogar o bien en las reuniones festivas o de trabajo. Me ha parecido interesante trascribirlas, comentar aquí dos de estos romances antiguos cantados en este valle de Campoo, ya que al ser trasmitidos oralmente su pérdida sería irremediable de no recogerse en papel impreso.
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