A mí me han pasado muchas cosas raras a lo largo de mi vida, pero... la más estrambótica que yo recuerdo me ocurrió en plena infancia... El caso es que yo caí prendado de la décima carta de un palo de la baraja española:
¡ME ENAMORÉ DE LA SOTA DE COPAS!
Así como suena...
De aquella figura enigmática estaban pendientes mis ojos cuando los mayores jugaban en la mesa de la cocina a las cartas... y a las tantas... Su forma de vestir me hacía soñar, su ropilla, su chupa, sus greguescos con cuchilladas me parecían un primor, su pose saludando al personal en postura de brindis, sus zaragüelles aterciopelados estilizaban su figura medievalesca por un lado y futurista por otro, en un momento la veía como recién apeada de su corcel y en otro instante como terminando de pasar un modelo de Valentino.
Alberto Gallo en primera persona.
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