La transformación de los espacios es un fenómeno consustancial a la actividad humana. En el caso de Riaño ha sido un cambio cualitativo y cuantitativo, enmarcado en los nuevos usos de los espacios rurales y la modificación de los hábitos de vida. Aun manteniendo su excepcionalidad como espacio de servicios aislado en medio de un entorno agrario, ha pasado a ampliar los usos y diversificar la oferta de ocio, pero ha perdido el carácter que quizás mejor le definía: los baños veraniegos en el río y su índole de lugar de encuentro social.
En un artículo anterior en esta misma publicación (GARCÍA ALONSO 1999) ya pusimos de manifiesto que la villa de San Miguel de Aguayo y su barrio de Santa Olalla fue durante la Edad Moderna un señorío jurisdiccional, concretamente un marquesado. Ahora volvemos sobre esta cuestión porque aún es menos conocido el papel protagonista que los marqueses con ese título tuvieron en el Nuevo Mundo, concretamente en la conquista y colonización del enorme territorio de frontera entre la Sierra Madre Oriental y el Seno Mexicano, por entonces los confines del imperio hispánico.
Colaboradores: Nacho Zubelzu, Margarita Rodríguez, Ana Álvarez, Lucía Zubelzu, Pedro Díaz, Amanda Villanueva, Amelia Ahumada, Gabriel Argumosa, Casa de Cultura Sánchez Díaz y Museo Etnográfico El Pajar Proaño.
Quisiera iniciar esta disertación recordando las causas por las que se inició la excavación en el yacimiento de El Torrejón obedecen a una doble gama de razones.
En primer término habríamos de reseñar los propios antecedentes de investigación arqueológica en el yacimiento.
Éstos eran conocidos desde los años 40 en que el entonces párroco de Las Henestrosas de Las Quintanillas, D. Teótimo Gallo, recabó la presencia en la localidad del P. Jesús Carballo, a la sazón director del Museo Regional de Prehistoria y Arqueología de Santander, motivada por el descubrimiento de varias estelas y términos augustales en el entorno de la iglesia parroquial de Santa María de las Henestrosas, donde aún se conservan parte de ellas.
Las Guerras Cántabras fueron la culminación de la V ¿y conquista romana de Hispania iniciada doscientos años atrás cuando los Escipiones desembarcaron en Emporion (218 a.C.) para combatir a los ejércitos cartagineses en suelo peninsular. En los años que sucedieron al término de la IIª Guerra Púnica, concretamente en el año 195 a.C, el cónsul Marco Porcio Catón, al frente del ejército destinado en la Citerior, que luchó contra los hispanos sublevados del área catalana, descendió hasta Turdetania y regresó a continuación por Celtiberia, acampando ante Numancia, parece que tuvo noticia de los cántabros o se enfrentó a algún grupo de ellos porque en uno de los fragmentos que han llegado a nosotros de su obra Origines se encuentra la mención más antigua de este pueblo del Septentrión Hispano, al que con precisión sitúa en el nacimiento del Ebro: "... el río Hiberus; nace en los cántabros, grande y hermoso, abundante en peces" (Origines, VII).
En este artículo presento la lectura de la famosa inscripción grabada en la clave de arco del portal nº 76 del Camino Real de la villa de Cartes (Cantabria) que se consideraba indescifrable. Véase aquí su reproducción.
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