LOS ORÍGENES DE LA CASA DE CULTURA: EL ESCRITOR RAMÓN SÁNCHEZ DÍAZ
El 2 de octubre de 1954 se inauguró en Reinosa la Casa de Cultura "Sánchez Díaz" siendo el primer centro cultural español que llevó el nombre de Casa de Cultura y que se estableció en la casa que Ramón Sánchez Díaz había construido en Reinosa en los primeros años del siglo XX, donada al efecto por la familia del escritor a la Diputación Provincial de Santander. Sánchez Díaz, nacido en 1869 en Reinosa, fue hasta los años 30 del siglo pasado muy conocido como escritor.
De entrada, el movimiento subversivo contra la República en Cantabria estuvo mal planificado y peor ejecutado. Se dejaron muchos cabos sueltos, fiándose el entramado al voluntarismo de ciertas personas, especialmente militares, a los que se les suponía que con sólo publicar el bando de Mola, quedaría la región incorporada al Movimiento. Esta confianza se basaba en la apreciación errónea, fruto de una generalización simplista de Santander, como provincia conservadora.
La ciudad, desde sus comienzos, ha sido un espacio con funciones muy diferenciadas y específicas, desde las administrativas o estratégicas, que implican el control de un territorio amplio, hasta las religiosas o culturales. Pero si hay una función presente en todas las ciudades de manera extensa, esa es la comercial. El espacio urbano ofrece el entorno ideal para la actividad comercial y, con frecuencia, es también el resultado de esa misma actividad. Reinosa es un buen ejemplo de urbe que surge en un emplazamiento estratégico, de paso obligado para personas y mercancías, lo que propicia su función comercial de alcance comarcal y también regional.
En Campoo, como en la mayor parte de las regiones de España, se han venido practicando estos ritos desde la más remota antigüedad, en fechas que podían cambiar de unas a otras, aunque no tuvieran en todas la misma duración, pues en algunas comarcas el tiempo previsto se reducía a la noche precedente a la festividad de San Juan en la que se trataba de recoger cuantas manifestaciones conocemos a este propósito.
El crecimiento de la población por la llegada de La Naval revolucionó el sector
A principios del siglo XX había un dicho popular sobre Reinosa que decía que sus lugareños comían pan de Hierro, carne de Gato y bebían vino de Pozo. Estos eran los apellidos de tres prestigiosos comerciantes de los muchos que se iban instalando en la floreciente villa, que se encontraba en pleno desarrollo por la creciente industrialización propiciada por pequeñas fábricas y artesanos.
Edición: 1ª ed., 1ª imp.
Fecha Edición: 09/2010
Publicación: González Moreno, Javier
Fotografías: Fotos Boyet, Miguel de Celis, Foto Gumer, Barriuso y distintas coleccions privadas
Prólogo: Sergio Balbontín
Descripción: 340 p. il. col. 30x21 cm
Encuadernación: cart.
A mediados del siglo XIX, el norte de la península vive el auge de los balnearios. Varios factores explican este fenómeno.
Los primeros "balnearios de ola" de la costa, que se habían establecido imitando los focos franceses de más renombre (Bayona, Biarritz), vivieron una coyuntura expansionista favorecidos por las revueltas que se desarrollaban en el país vecino y por la aparición del cólera en 1848, lo que desvió hacia nuestro país a numerosos clientes de elevado status social. La reina Isabel II acudía a Ontaneda a tomar las aguas; miembros de la familia real recalaban en nuestra región cada vez con mayor asiduidad, y con ellos una aristocracia y burguesía deseosas de imitar sus hábitos.
La "Casona" de Reinosa, sede de numerosos eventos culturales, es una de las construcciones más emblemáticas de la villa y aparece estrechamente vinculada a su historia, Es bien sabida su relevancia pero, ¿es igualmente conocido su origen, por quién fue costeada y las circunstancias que lo motivaron? Por desgracia, no es así y el presente artículo, resumen de un trabajo de investigación sobre D. Luis de los Ríos y Velasco, pretende dar a conocer, aunque sea de manera breve y concisa, la biografía de este campurriano, quien mandó construir el bello edificio antes señalado.
Miguel Rodríguez-Cantón Saiz, Iratxe Rodríguez-Cantón Gutiérrez
La profundidad de su mirada custodia todo un archivo ilustrativo de Campoo. Con 73 años en sus canas, ya en su mocedad, sintió la inquietud cultural. Nada impidió a sus diestras manos plasmar la belleza campurriana en alienadas letras y prosaicos lienzos. Con Reinosa en su corazón, enclavada con la pluma y el pincel, supo conjugar edición de revistas gloriosas —entre ellas, Fontibre— con su paso por la alcaldía de Reinosa y sus colaboraciones en Alerta.
Con este discurso comienza una entrevista escrita en el Diario Alerta. Es tan acertada su descripción, que no puedo más que transcribir sus palabras, para definiros al hombre al que hoy, a sus 89 años de edad, honramos con estas líneas.
Ramón nació un veinticinco de octubre de mil novecientos diecinueve, le enseñaron a leer entre las Hijas de la Caridad (Las monjas) y los Hermanos Menesianos (Los frailes), muy pronto se destacó un gran lector, sobre todo en temas dedicados a la historia de Reinosa. Más tarde, durante su época de Bachiller, sería aleccionado por uno de los estandartes de la prosa cántabra, Gerardo Diego. Todo esto le llevó a iniciarse en el arte de la escritura y, ya a los dieciséis años se le concedió el primer premio al tema, "Historia y Monografía de Reinosa y comarca de Campoo", el certamen, que fue organizado por La Biblioteca Pública Municipal de Reinosa, tuvo una gran acogida en sus días.
Entre 1844 y 1928 se produce en la comarca de Campoo la mayor concentración de fábricas de vidrio que se ha conocido en España. Comienza en 1844, en Las Rozas, con la fábrica de La Luisiana y en los años posteriores se va extendiendo aotros pueblos de la comarca. En 1870 se abre La Cantábrica, en Arroyo; en 1871, la fábrica Santa Clara en Reinosa; en 1905, Nuestra Señora de Guadalupe en Mataporquera y, en 1906, la vidriera de Arija. Pero su importancia no se debe sólo al número de fábricas y la excelente calidad de su vidrio, sino que en algunos momentos destacaban éstas también por la cantidad producida: en 1881, La Luisiana y La Cantábrica generaban más de una tercera parte del total del vidrio nacional; en 1884, la producción de Santa Clara equivalía a más de la mitad de las importaciones de Francia y Bélgica.
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