Durante la edad moderna y contemporánea en la villa de Reinosa, como en otras localidades, se crearon y desarrollaron diferentes fundaciones que dieron lugar a instituciones cuya labor se ha prolongado en ocasiones hasta la actualidad.
La historia de la pila bautismal, en general, tiene muy viejos antecedentes. Ya en las religiones paganas el agua, condición necesaria para la vida, formaba parte imprescindible en los ritos de purificación de los fieles antes de entrar en el recinto sagrado. El cristianismo recogió esta antiquísima tradición y la incorporó a su liturgia en los ritos bautismales. HANI, en su libro sobre "El simbolismo del templo cristiano", 1972, nos dice: "En el simbolismo tradicional, toda pila bautismal representa el Océano primordial, las "Aguas" del Génesis sobre las que se cernía el Espíritu de Dios para obrar la creación. Y por referencia a esas aguas es por lo que el bautismo o la pila bautismal poseen el poder de obrar una regeneración, una re-creación".
La arquitectura, especialmente la popular, nace atendiendo a los condicionamientos de la zona donde se enclava y como respuesta a las necesidades de uso de sus habitantes. Aquí aparece en primer término, el reducto arquitectónico más ligado al hombre.
El juego de la ruleta entretenía a niños y mayores
El oficio de barquillero como el de heladero fue una actividad ambulante, dentro del gremio de la repostería, que favorecía el sostenimiento económico de las familias. Ambos oficios siempre estuvieron ligados, por ser el barquillo el recipiente en forma de potes o cucuruchos. Por eso, eran también barquilleros los heladeros mencionados en la publicación anterior.
Los barquillos se fabricaban durante gran parte del año en las especialidades de barquillo y galleta. También se elaboraban ricos canutillos que se servían de aperitivos en los cafés más importantes de la cuidad de Reinosa, como el Victoria.
La conmemoración del 75 aniversario de la concesión a Reinosa del título de ciudad supone una excelente ocasión para revisar los acontecimientos sucedidos en la capital campurriana en el transcurso del primer tercio del siglo XX.
Publicado en la revista FONTIBRE, nº 17, Enero de 1958.
Después de la acusadísima despoblación que sufrió el Valle de Campoo por la contribución en sangre que exigieron las interminables guerras imperiales para el mantenimiento del prestigio de España en el mundo entonces conocido, y más todavía, como consecuencia de la gloriosa aventura de América, recientemente descubierta, siguió la prosperidad del siglo XVIII y primera mitad del XIX, con la excepción naturalísima de la Guerra de Independencia que frenó en seco y malogró buena parte de lo conseguido en épocas anteriores.
Existe otra Reinosa con aquella primitiva ortografía de la i griega, localizada en México, en la zona de contacto entre las provincias fisiográficas de "Las Grandes Llanuras de Norteamérica y La Llanura Costera del Golfo del Norte"; la mayor parte de su municipio está incorporada a la cuenca baja del río Bravo hace frontera con EE UU y pertenece hoy al estado mexicano de Tamaulipas.
Edición: 1ª ed., 1ª imp.
Fecha Edición: 12/2005
Prólogo: María de los Santos García Felguera
Publicación: Cantabria Tradicional, S.L. Ramón Villegas López
Descripción: 277 p. il. col. 29x23 cm
Encuadernación: cartoné
Imprime: Gráficas J. Martínez
El control de los daños de los depredadores se convirtió en un oficio en los montes de Campoo
El alimañero fue una persona de servicio para la comunidad, con una serie de cualidades: temple, valor, constitución física, integrado por entero en la naturaleza, que conoce los recónditos secretos de la sierra y el monte, observador de los movimientos y comportamientos de las alimañas y que tiene la astucia de controlar su población y aniquilarla cuando amenaza superpoblación, para no perjudicar el equilibrio ecológico de la naturaleza.
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