La quema de los males del año, una tradición olvidada en la comarca de Campoo
De él se puede decir que en la noche vijanera (noche vieja) renace de sus propias cenizas. Este es un personaje viajero, burlón, criticón, desvergonzado, parlanchín, engañador, enredador de los asuntos amorosos y un sin fin de adjetivos que se le puedan dar a un personaje que no es aceptado por su comunidad.
Edición: 1ª ed., 1ª imp.
El segundo tomo de la Biblioteca de Temas Campurrianos lo firma el campurriano Emilio Jorrín
La historia del traje popular en cualquier país ha estado relegada a un plano secundario, y hasta épocas recientes no ha tenido importancia histórica. No obstante y hacia los años 50, la etnografía, separada de la antropología, ha empezado a realizar estudios completos sobre el traje regional en diferentes épocas y a través de innumerables fuentes, orales, escritas o iconográficas. Lo realmente interesante es poder definir con precisión los atuendos que se han usado a lo largo de la historia, para intentar aproximarnos al significado de su uso y su trascendencia cultural.
INTRODUCCIÓN
En este trabajo pretendo hacer algunas reflexiones acerca de los significados del don y el contradón en las comunidades rurales tradicionales. Para ello estableceré las conexiones existentes entre la lógica del don y el contradón y lo que en otro lugar he denominado la "lógica social del complejo doméstico-comunitario" y su correspondiente "subsistema simbólico-ideacional'' (Montesino, 1995a), sobre los cuales, a mi juicio, se asentaban las formas locales de explotación y sus fundamentos productivos y reproductivos, así como los vínculos morales y sociales de las personas y los grupos domésticos que conformaban el tejido comunitario de las comunidades rurales de la Cantabria tradicional y, por consiguiente, también del ámbito campurriano, durante la primera mitad del pasado siglo, período en el que los vestigios del viejo orden tradicional existentes en el nivel microsocial aún coexistían con los cambios macrosociales que se estaban produciendo en los espacios agrarios como consecuencia de los procesos de modernización e inserción (subsundón formal y real) de la agricultura tradicional en el nuevo modelo capitalista de desarrollo agrícola.
En Campoo, como en la mayor parte de las regiones de España, se han venido practicando estos ritos desde la más remota antigüedad, en fechas que podían cambiar de unas a otras, aunque no tuvieran en todas la misma duración, pues en algunas comarcas el tiempo previsto se reducía a la noche precedente a la festividad de San Juan en la que se trataba de recoger cuantas manifestaciones conocemos a este propósito.
LA ETIMOLOGÍA
El año 1910 aparece por vez primera la palabra marza, en un diccionario de la lengua española, que daba dos acepciones de la misma:
a) copla que en la Nochebuena, en el Año Nuevo y en la de los Santos Reyes, van cantando por las casas de las aldeas, por lo común en la corralada, unos cuantos mozos solteros.
b) obsequio de manteca, morcilla, etc., que se da en cada casa a los marzantes para cantar o para rezar.
Una de las manifestaciones más interesantes entre las costumbres de Cantabria, está reflejada en las reuniones que tenían lugar en las cocinas de nuestros pueblos bien acogiéndose a la buena disposición de ciertas familias acreditadas o a la de algunos vecinos con posibilidades para hacer este tipo de recepciones y aguante suficiente para cargar con las molestias de rigor.
En el libro de sesiones del Excmo. Ayuntamiento de Reinosa, correspondiente al año de 1879, que, milagrosamente, persistió tras el incendio de 1932, se recoge un informe del Alcalde acerca de las gestiones realizadas, en relación con las ya inmediatas Ferias y Fiestas de San Mateo, refiriéndose a los fuegos artificiales que había encargado a Palencia (no Valencia) y al contrato pendiente con los dulzaineros de Frómista “por si quieren venir a tocar a dicha Feria por la retribución de sesenta pesetas".
INTRODUCCIÓN
Dice Enrique Franco en un artículo escrito en “Fontibre, revista de Campoo” editado por la Casa de Cultura Sánchez Díaz de septiembre de 1956 “...Un hombre va por el camino. De pronto rompe a cantar. Triste o alegre, según su estado de ánimo. Lo que el hombre canta es algo que ha escuchado cantar a otros... pero cuando él canta lo que aprendió de otros pone matices personales y ocasionales. Pone el timbre de su voz, distinta a las demás, como la huella digital del sonido, pone además la especial cadencia de su manera de hablar..... Pero el hombre del camino es, consciente o inconscientemente, capaz de convertirse en instrumento musical, capaz de producir música, capaz de establecer un orden entre los sonidos que produce su manera de sentir y de pensar...... El hombre del camino hace música por espontánea necesidad y dentro de un estilo que le impone el tiempo, las fuentes donde las aprendió, el lugar donde nació y vive y los sentimientos de su propia intimidad......
Haciendo uso de una expresión actual, podríamos decir que los Carnavales han sido siempre muy controvertidos. Es evidente su origen pagano, pues entre otros precedentes, todos similares, se le asigna el de las Saturnales romanas. Su introducción en las costumbres de los pueblos europeos es bien patente y las religiones, digamos el cristianismo, trataron de hacer desaparecer, o al menos desfigurar, el carácter lascivo de sus prácticas, lo que dio lugar a la curiosa y aparente incoherencia de hacer coincidir, en alguna forma, sus calendarios. La etimología de la palabra carnaval nos lleva a la expresión "quitar la carne", que es como si se tratara de una despedida a los goces de la carne por la llegada de la Cuaresma, siguiendo un criterio católico; pero es evidente que el Carnaval significa, de algún modo, admitiendo las acepciones que se le han atribuido tradicionalmente: "fiesta de la locura y jarana", "fiestas de libre albedrío" y, también, "del desahogo sensual".
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