Principal Cuaderno Nº 25 Índices

La Mancomunidad de Pastos Campoo - Cabuérniga
una institución histórica que pervive


India Calandra Ruela


INTRODUCCIÓN

Puerto de Sejos. M.C.C. 16-VI-00   Las comunidades de pastos son una fórmula ancestral de manejo ganadero. Algunas de ellas se remontan muchos siglos en el tiempo y su relación con la ganadería extensiva ha sido siempre directa, algo que ya comprobó Joaquín Costa al afirmar: "… la ganadería extensiva lleva consigo necesariamente la mancomunidad en el dominio y en el disfrute del suelo, lo mismo en la adelantada Suiza que en la Tartaria bárbara..." (Costa, J, 1897). Uno de los espacios más representativos no sólo en Cantabria, sino en toda la España septentrional, por su extensión, alcance territorial y complejidad, es la Mancomunidad de Pastos Campoo-Cabuérniga, aunque existen otras áreas de la región que establecieron distintos sistemas más o menos originales para aprovechar los pastos disponibles en cada época del año.
   La mayoría de estas instituciones ha desaparecido, víctima de los procesos de privatización acaecidos desde finales del siglo XIX, y de los nuevos avances tecnológicos agrarios y sistemas de mercado actuales. Algunas, sin embargo, han pervivido, hecho que llamó la atención de los regeneracionistas a finales del XIX y que hoy las convierte en especial punto de atracción de las nuevas ideas e investigaciones desarrolladas en torno a estos aspectos, comarcas donde el aprovechamiento comunitario de los pastos se ha mantenido como fórmula tradicional que debe adaptarse desde hace unas décadas a los retos de la modernidad.
   Podemos formularnos una serie de preguntas: ¿por qué han pervivido estas instituciones hasta la época actual?, ¿son situaciones obsoletas sin ninguna función ni futuro, destinadas a una progresiva desaparición, o pueden gozar de nuevas funcionalidades? A estas preguntas se trató de dar respuesta en el proyecto de investigación que se desarrolló en el Departamento de Geografía, Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad de Cantabria, entre 1998 y 2001, financiado por la Fundación Marcelino Botín y que llevó por título: "La Mancomunidad Campoo-Cabuémiga: viejas y nuevas funciones en la gestión del territorio, el desarrollo rural y la conservación del patrimonio natural y cultural en áreas de montaña". Parece ser que en el caso de la Mancomunidad Campoo-Cabuérniga, la pervivencia se debe a la enorme capacidad de adaptación de esta institución a las distintas coyunturas o períodos socioeconómicos, es decir, a que ha sabido encontrar en cada momento la funcionalidad adecuada para el territorio que gestiona. El estudio de sus orígenes, su evolución, su ancestral forma de organización, y sus fórmulas de explotación y gestión de los recursos disponibles, me ha llevado a determinar los motivos de la supervivencia de esta institución durante cinco siglos, y sobre todo desde finales del siglo XIX, momento en que comenzaron a desmoronarse los sistemas de aprovechamiento comunales antiguos.

 

CREACIÓN Y EVOLUCIÓN DE LA MANCOMUNIDAD HASTA EL SIGLO XIX

   Tal y como narró el historiador cántabro Mateo Escagedo Salmón en 1921, el pastoreo en "la Montaña" es de tiempos inmemoriales. Los reyes y condes castellanos poseían la jurisdicción pastoril en todos los pueblos montañeses, y este derecho se extendía a los pueblos, que se daban mutuamente reciprocidad en los pastos. Existen autores que hablan de un documento referido a las donaciones de los monasterios de Oña y Cervatos (Campoo, Cantabria) por el conde Don Sancho de Castilla a principios del siglo XI. Principalmente en la segunda de ellas se observa que dicho conde otorgó a los ganados del monasterio la posibilidad de pastar, de forma gratuita, en casi toda la actual provincia de Cantabria y en parte de la de Burgos. Además de estas donaciones pastoriles que derivaron en comunidades de pastos, existen una serie de documentos que acreditan que desde tiempos remotos hubo aprovechamiento comunal de esta índole entre los puertos bajos y altos de la provincia (Ortega, J. 1988). Un documento que puede resultar de gran interés es la "Escritura de Propiedad de Campoo", del año 853, donde consta la costumbre de usar recíprocamente los pastos de amplios territorios, en donde la actividad ganadera suponía la base de la economía y la principal fuente de recursos.
Durante muchos siglos el espacio montañés se ha caracterizado por ser organizado y ordenado según la necesidad del uso ganadero y de asegurar su ciclo productivo. Se ha tratado de una utilización estacional de los recursos, de acuerdo a las leyes de la naturaleza, que impone los ritmos y secuencias de uso de los diferentes espacios, que han de ser necesariamente alternantes entre áreas de mayor y menor altitud (brañas veranizas y brañas invernizas). Los primeros documentos medievales permiten adivinar que la relación entre las distintas áreas de pasto tenía fundamentos sólidos. Los diferentes elementos del espacio pastoril montañés son identificados y descritos documentalmente con total continuidad histórica: el espacio se organiza a través de las brañas o puertos, por medio de sus seles o majadas, y éstos a través de las cabañas o chozas (Ortega, J, 1987). Así, brañas altas, intermedias y bajas constituyen los sucesivos ciclos del espacio pastoril.
Caseta del Campanario (casa del guarda de la mancomunidad) Sejos. M.C.C. 22-VII-99   A lo largo de la Edad Media continuó manteniéndose en el espacio que nos ocupa la trasterminancia hacia los puertos en la temporada estival y hacia las zonas bajas en el invierno. Debido a los múltiples desacuerdos y disputas entre los pueblos acerca de los espacios de aprovechamiento, calendarios, turnos de entrada de cada rebaño, etc, en 1497 tuvo lugar el establecimiento de la "Concordia entre los valles de Cabuérniga y Ucieda y la Hermandad de Campoo de Suso" (Ríos y Ríos, A, 1878). Sin embargo, esto no fue la solución definitiva porque en los siglos posteriores continuaron llevándose a cabo pleitos por la vía judicial, hasta que en 1743 se dicta la Real Sentencia Ejecutoria definitiva que pone fin, al menos en la teoría, a todas las desavenencias.
Siglos de pleitos revelan la importancia que ha tenido la utilización mancomunada en este territorio para aprovechamiento de pastos, maderas y recursos.
   En la Concordia de 1497 se determinaron los espacios, usos y reglas de los puertos comunes, los turnos de aprovechamiento del ganado, y las sanciones a que hubiera lugar. Los pueblos de Campoo comenzaban a aprovechar con sus ganados los puertos comunales de primavera, de regreso de sus invernizas de las partes más bajas del Valle de Cabuérniga, y los dejaban el 16 de mayo para subir a los puertos de verano, en donde permanecían hasta el 16 de junio, en que se dirigían a sus propios puertos comunales. Así, el 16 de junio entraban en puertos de verano de la Mancomunidad los rebaños de Cabuérniga, que pastaban en ellos hasta que les echaba la nieve. Estos últimos, antes de llegar a los puertos más altos de Sejos, habían pasado ya por sus respectivas primaverizas, para las que salían desde principios de abril las vacas sin preñar, y más tarde las vacas paridas con sus crías.
   Pero no sólo los ganados de Cabuérniga compartían con los de Campoo los pastos de altura de Sejos. En virtud también de costumbres ancestrales, los pueblos de la Hermandad descendían en invierno a los términos del valle de Cabezón, los cuales en contrapartida enviaban a terrenos de la Mancomunidad sus rebaños en la temporada estival. Como parece inevitable, estos antiguos derechos se vieron afectados por litigios y enfrentamientos entre los diversos pueblos y hubo que establecer también en este caso una concordia escrita, en 1561: la "Concordia entre la Hermandad de Campoo de Suso y otros valles y pueblos de “las Asturias de Santillana”. Así, las vacas de los concejos de Cabezón, con sus crías y novillas, podían entrar en términos de la Mancomunidad entre el 16 de junio y el 18 de octubre, hacia sus seles acostumbrados. A estos pueblos y a sus animales se los denominaba gajucos. Por otro lado, se sabe que también aprovechaban los pastos de la Mancomunidad algunos rebaños de los concejos de Alfoz de Lloredo, Ruiloba, Reocín, Udías, Valdáliga y Polaciones, y probablemente se establecieron concordias escritas entre ellos y la Hermandad. Sin embargo, éstos tenían que pagar en metálico una serie de cargas legales. Posteriormente, con los procesos de pratificación y privatización, los pueblos del Valle de Cabezón ya no pudieron mantener su parte del trato con la Hermandad y también tuvieron que comenzar a pagar un canon por subir a los puertos.
   Se trató, por tanto, de un espacio gestionado realmente de fama mancomunada por una asociación de pueblos. Los estatutos de la Mancomunidad son fruto de siglos de experiencia y litigios, y cualquier modificación en ellos era causa de más pleitos.
Todos estos enfrentamientos no hacen sino poner de manifiesto la vital importancia del aprovechamiento de estos terrenos, que al menos en lo que a pastos se refiere, estaba reglado al más mínimo detalle, con el objeto de obtener el máximo partido de sus recursos naturales y de satisfacer de la mejor forma posible las necesidades alimentarias y económicas de los pueblos, donde el ganado, heterogéneo y abundante, era la actividad productiva primordial.

 


DE LA IMPORTANCIA DE LOS PASTOS AL AUGE MADERERO

   Durante el siglo XIX, debido al auge de la propiedad privada, y a los procesos de pratificación de amplios espacios de pasto, tuvo lugar una serie de cambios drásticos que afectaron a todos los espacios comunales del norte de España, y también, por supuesto, a la Mancomunidad. Pero cuando parecía que las tierras comunales se dirigían a una desarticulación total e irreversible, de nuevo desde el último tercio de dicho siglo, ya en plena reforma agraria liberal, se produce un nuevo impulso en el bovino cárnico, debido al aumento de la demanda urbana. Las transacciones comerciales de ganado alcanzan sus máximos y ante una expansión de la demanda tal, la reducción de costes que suponía la reproducción del ganado en los puertos de altura favoreció la conservación y hasta la ampliación de estos espacios colectivos y del "saber hacer" campesino (Puente, L. 1992). Este ambiente supuso para la Mancomunidad una revitalización de los aprovechamientos pascícolas y una mayor preocupación por su regulación y administración. En 1903 culmina la elaboración del "Reglamento de la Comunidad y Asociación Campoo-Cabuérniga", como punto final a una etapa de complejos y abundantes litigios, reuniones y consensos entre los diferentes representantes de los concejos afectados. Existe mucha documentación escrita sobre este momento y sobre la junta Directiva que se constituyó para la Mancomunidad.
   Posteriormente, los espacios comunales cántabros volvieron a sufrir un período de crisis, debido al, en principio incipiente y luego imparable, proceso de expansión de la explotación lechera en la región, que utilizaba ganado holandés importado y lo mantenía a través de sistemas intensivos cuya base era el prado y los piensos, y que relegó de nuevo a un segundo plano a los espacios más montañosos, que seguían explotando la raza tudanca y sus variedades de manera trasterminante. Así, mientras que en 1892 la práctica totalidad del rebaño es ganado de trabajo y bovino de variedades indígenas para tiro y carne, en 1927, según la junta Provincial de Abastos (" La provincia de Santander en el último quinquenio...", 1929) el 25°/o de la cabaña cántabra es ya de raza holandesa, aunque todavía predomine la tudanca y mixtas.
   Como consecuencia de la Guerra Civil y en las dos décadas de posguerra, las explotaciones extensivas y las razas asociadas a ellas volvieron a adquirir el papel predominante debido al aislamiento exterior, a la escasez, y por tanto a la necesidad de autoabastecerse y de mantener razas de ganado adaptadas, resistente y polifacéticas. Las informaciones y datos estadísticos disponibles sobre la Mancomunidad Campoo-Cabuérniga siguen fielmente este devenir histórico.
A partir de los años 60 del pasado siglo XX, con la recuperación económica nacional, la región retoma su especialización láctea y los espacios comunales vuelven a sufrir una nueva crisis en sus formas tradicionales de aprovechamiento y gestión, esta vez más profunda e irreversible, sobre todo a raíz del éxodo agrario.
Vaca Tudanca   En 1965, según la Reseña Estadística Provincial, había en la región 78.077 cabezas de ganado tudanco; y en 1972, según un informe elaborado por la Confederación Española de Cajas de Ahorro, había tan sólo 16.366 cabezas de vacuno de no ordeño. Aunque son evidentes los errores comparativos que puedan considerarse respecto a las dos fuentes, nos sirven como indicativo para comprobar el rápido y fuerte descenso de la cabaña autóctona de la región, cuya dedicación ha sido mayoritariamente de trabajo o cárnica. Muchos ganaderos decidieron sustituir esta raza por las productoras de leche, aunque las características ecológicas del medio no acompañaran; otros optaron por cruzarla para obtener animales con aptitudes cárnicas; y sólo una minoría mantuvo la explotación autóctona.
   Sin embargo, este es el momento en el que en la Mancomunidad Campoo-Cabuérniga toma protagonismo un recurso prácticamente inutilizado hasta el momento: el forestal. En los años 70 y gran parte de los 80, los ingresos obtenidos por la madera superaron cualquier especulación previa y dotaron a la institución de una gran solvencia económica. Hasta el siglo XX, el aprovechamiento principal de la masa forestal de la Mancomunidad (el hayedo del Monte Saja), había sido la extracción de leñas y maderas para uso doméstico y para la elaboración de los aperos que se llevaban a vender a Castilla. La construcción a finales del XIX de la carretera Cabezón de la Sal-Reinosa, que atravesaba la Mancomunidad, supuso una estimulación a las cortas y subastas de madera. pero, a pesar de esto, la explotación maderera continuó siendo escasa hasta la década de los 70 del siglo pasado (Corbera. M: González, R. 1999). El período comprendido entre 1970 v 1986 fue el de máxima intensidad de la explotación maderera. como así se establecía en el Proyecto de Ordenación Definitiva del Monte Saja 1970-1980, proyecto de carácter productivista. que preveía también una serie de mejoras en las infraestructuras. Esto evidentemente aumentaría en gran medida los rendimientos forestales de la Mancomunidad, a la vez que, a los ojos de la junta Directiva de la Mancomunidad, serviría también para mejorar las condiciones de aprovechamiento de los pastos. Para el año 1972 73 se preveía talar casi 1.000 árboles del Monte Saja, y fueron casi 2.000 los que salieron a subasta en 1978 (Corbera, M; González, R. 1999)
   De todas formas esto duró poco tiempo, ya que comenzó a extenderse cada vez con más fuerza en España y Europa la concienciación ecológica en la sociedad y la necesidad de la conservación medioambiental, con lo que, tras la fuerte presión social que tuvo lugar en los años 70 y 80, apoyada por los medios de comunicación, en 1988 se prohíben las cortas de árboles autóctonos en la región, sumiendo a la Mancomunidad en una grave crisis económica y de gestión, paralizándose así totalmente el Proyecto de Ordenación de 1971.

 


LA CRISIS PRODUCTIVISTA Y LOS NUEVOS VALORES SOCIALES Y POLÍTICOS

Captación de agua para la red de abrevaderos. Sejos. M.C.C. 22-VII-99   Desde mediados de los 80 del siglo XX, ha tenido lugar una gran difusión a todos los ámbitos de la vida de las filosofías del desarrollo sostenible, de las distintas ideas sobre la necesidad de conservación de los recursos y del patrimonio natural y cultural, difusión que se ha materializado en políticas económicas agrarias que, perdiendo buena parte de sus objetivos productivistas, se han dirigido hacia nuevas tendencias y actividades, tales como el turismo rural o las producciones ecológicas o biológicas de calidad. Estas políticas, que vuelcan rotundamente sus intereses hacia el mundo rural, han plasmado sus nuevas consideraciones en numerosas medidas, programas, iniciativas, cuyos objetivos son agroambientales, es decir, de conservación explotación mantenida y razonable de los recursos, a través de sistemas de aprovechamiento que intentan recuperar las fórmulas tradicionales.
   De forma paralela han ido surgiendo distintas figuras de protección y de desarrollo rural. La Mancomunidad Campoo-Cabuérniga, como escenario privilegiado, se ha acogido a varias de ellas. En 1988 se declaró el Parque Natural Saja Besaya, en el que se inscribe la Mancomunidad, lo que le ha supuesto aparecer en todas las guías que tratan el turismo rural o verde, y que por otro lado, ha implicado el acogerse a una normativa que prohíbe, entre otras cosas, circular con vehículos en las zonas de reserva, acampar, encender fuego, recolectar o capturar especies de animales y plantas en peligro de extinción, etc. Asimismo, la Mancomunidad, por estar bajo gestión, entre otros, de algunos de los municipios del Valle del Saja, forma parte del Programa Leader que se desarrolla en la zona. Por otro lado, la Mancomunidad forma parte de la Reserva Nacional de Caza del Saja, y de las zonas de Protección del Oso Pardo.
   Además de la protección vinculada al desarrollo rural, también está adquiriendo gran relevancia todo lo concerniente a la recuperación de las razas autóctonas y de los sistemas tradicionales que las han aprovechado. Se han publicado en Cantabria numerosas medidas, tales como el "Programa Agroambiental de gestión de la explotación ganadera extensiva" (B.O.C. abril1999). que incluye tanto medidas de mejora y conservación del entorno físico donde se desenvuelve la explotación ganadera cano medidas de fomento de razas autóctonas puras adaptadas al medio; o las distintas ayudas a la mejora de prados y pastos (junio 2000), cuyo objetivo es el fomento de la extensificación y el pastoreo.
   Así, a la par que se han ido difundiendo las ideas sobre la preservación de los recursos naturales, también lo han hecho las ideas del desarrollo sostenible, el desarrollo rural y la política agroambiental, de la mano de la Política Agraria Comunitaria (P.A.C.), que tras su crisis productivista, vuelve sus ojos a las fórmulas tradicionales y extensivas de aprovechamiento de los recursos, y también a las razas genéticamente adaptadas a ellas. Así, parece que se le presenta una nueva oportunidad a la Mancomunidad Campoo-Cabuérniga, oportunidad con gran valor social, ambiental, político y económico, y también con gran proyección futura.


BIBLIOGRAFÍA


Corbera, M; González, R. "Evolución de los aprovechamientos del Monte Saja, parte alta (Mancomunidad Campoo-Cabuérniga, Cantabria)" en IX Congreso de Historia Agraria. 1999, Bilbao. Universidad del País Vasco.
Costa, J. Colectivismo agrario en España. Tomos I y II. (Elaboración original entre 1895-97) 1983, Zaragoza. Guara. Instituto de Estudios Agrarios, Pesqueros y Alimentarios.
Escagedo Salmón, M. Costumbres pastoriles cántabro-montañesas. 1921, Santander. Imprenta Provincial.
La provincia de Santander en el último quinquenio 1923-28. 1929, Santander. Junta Provincial de Abastos.
Ortega Valcárcel, J. La Cantabria rural: sobre “la Montaña”. Lección inaugural del curso académico 1987-88. 1987, Santander. Universidad de Cantabria.
Proyecto de Ordenación Definitiva del Monte Saja, parte alta, n° 16, perteneciente a la Asociación de Hermandad de Campoo de Suso-Cabuérniga, en el término municipal de Los Tojos. Decenio 1970-71 a 1978-80. 1971, Santander. Sección Forestal del Ministerio de Agricultura de la provincia de Santander.
Puente Fernández, L. Transformaciones agrarias en Cantabria 1860-1930: especialización vacuna y construcción del espacio agrario. 1992, Santander. Universidad de Cantabria. Asamblea Regional de Cantabria.
Reseña Estadística Provincial de Santander. 1965.1965, Madrid. Instituto Nacional de Estadística.
Ríos y Ríos, A. Memoria sobre las antiguas y modernas comunidades de pastos entre los valles de Campoo de Suso, Cabuérniga y otros de la provincia de Santander. 1978, Santander.
Situación actual y perspectivas de desarrollo en la provincia de Santander. Tomo II. 1972, Madrid. Confederación Española de Cajas de Ahorro.




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2003, Jose L Lopez